Sin lugar a dudas el “fenómeno Franco Colapinto” desde hace casi dos años se convirtió en algo muy especial en la Argentina desde la gente que lo sigue hasta el sponsoreo, claro, que vio en esos fanas potenciales clientes.
Para correr en cualquier categoría del automovilismo local o internacional hace falta plata. Mucha plata. Y el entorno de Colapinto supo manejarse a la perfección (y rápidamente) en ese tema porque si en la máxima categoría te “dormís” te puede ocurrir lo que a Sergio “Checo” Pérez que con siete sponsors del Grupo Slim (el más poderoso de México) se quedó sin butaca en 2025 y regresó en el equipo Cadillac esta temporada.
Las marcas que se unieron para apoyar a Colapinto fueron: Automóvil Club Argentino (ACA), Globant, YPF, Quilmes, Celulosa Argentina, Green Armor, Ripio, GMC Securities y Bizarrap (Dale Play).
El productor discográfico fue uno de los primeros que apostó al piloto de Pilar. Lo apoyó. Le dio difusión. Visibilidad. Lo puso en el “juego grande” cuando aún estaba en la Fórmula Dos.
Este “fenómeno Colapinto” también abre otras ramas del negocio…
Siempre el deporte y el turismo fueron de la mano y de hecho las agencias de viaje (áreos, alojamiento, traslados y entradas) arman paquetes para los fanas argentinos para las carreras de Miami, San Pablo y, en menor medida, para México DF que son los paquetes más vendidos.
En la carrera de Miami las agencias hasta incluyen un tour de compras en los principales malls de la ciudad.
Y proximamente llegará la exhibición en CABA. Y no va a importarle al fanático que sea con un modelo 2021 de Apine, sólo le importará ver a Colapinto.
. La hinchada juega
El hincha argentino está en todas las carreras (en algunos son realmente muchos) y son los últimos de irse de cada circuito para ir al box del equipo, antes Williams y ahora Alpine, para cantar con Franco, sacarse fotos o pedirle un autógrafo. Y el joven automovilista, porque no deja de ser un chico de 22 años, al fin y al cabo, accede.
Y este fanatismo, bien argento, no deja de sorprender a los equipos donde estuvo trabajando, e inclusive a otras escuderías. Los cantitos de la hinchada, los fanas con la camiseta del equipo que representa (antes el azul de Williams y ahora el rosa de Alpine) y la “fidelidad” con Franco en el mundo de la Formula Uno por un piloto es inédita por el “fervor latino”.
El carisma del chico de Pilar. La simpatía. El ida y vuelta que mantiene, muy distendido, con algunos periodistas especializados como Juan Fossaroli (ESPN) y Adrián Puente (FOX) demuestran que Franco no es ese “piloto inalcanzable”.
Históricamente los “tifossi” de Ferrari son los más ruidosos, fieles y sufridos, claro, ya que la escudería italiana no cuenta con un piloto campeón del mundo desde 2007, fue Kimi Raikkonen. Sin embargo en cada carrera de la máxima categoría las tribunas se llenan de hinchas vestidos de rojo.
Aclaración necesaria. De ninguna manera estoy comparando a Colapinto con Ferrari. Sería una locura. Si hablo de la pasión. Del fanatismo.
La historia de Colapinto es muy conocida, pero lo interesante es ver como se desarrolla. Que produce, además de lo que ya generó.
Por ejemplo, en el mundo tecnológico (con los que no contaron, obvio, ni Juan Manuel Fangio, el Quíntuple, ni Carlos Reutemann) que hoy manda. Cuando Franco llegó a la Fórmula 1 tenía 600 mil seguidores en Instagram tras su sorpresiva llegada a Williams (por 9 carreras) y hoy cuenta con 5 millones y medio. Casi diez veces más…
Pero más allá de los números para correr en la categoría (creció más del 60% la audiencia de los Grandes Premios en nuestro país desde que está Colapinto), hay otro dato significativo.
El ACA habilitó el año pasado, con el consentimiento de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), unas 170 licencias para kartings, monopostos o autos con techo para correr, al menos, una carrera fuera del país. Todo un récord.
Hubo un crecimiento importante de pilotos argentinos en la Fórmula 4 (europea y brasileña). Y, sin dudas, el “Fenómeno Colapinto” tiene que ver.
Además de el mendocino Nicolás Varrone en la Fórmula Dos internacional (telonera de la máxima en varios fines de semana), otro juvenil argentino como Mattia Colnaghi entró con fuerza en la Fórmula 3 con sólo 17 años.
. El otro lado del fenómeno
No descubro nada si digo que los argentinos somos exitistas. Algunos muy. Hasta el ridículo. Pero está en nuestro gen.
Cuando decía, párrafos arriba en la nota, hay que ver como lo llevan a Franco en una temporada que se avisora mejor que la del 2026 (peor que la de 2025 no podría ser), era justamente por ese tema de las redes. A veces dañinas.
Tiene muchas propuestas publicitarias. Tiene que elegir. No ir a cualquier marca con tal de “facturar”. Como así tampoco hacerlo ridículamente porque está ese viejo dicho que entre más rápido subís, más ruido hacés al caer. En todo este panorama lo positivo es que Franco tiene crédito.
El marketing también entra a jugar. A veces para bien. A veces para mal.
Y a finales de 2024 sucedió algo que no estuvo bueno. Ganó el Olimpia de Oro. Deportivamente no fue merecido. Era un golpe de efecto para el Circulo de Periodistas Deportivos y para sus auspiciantes. Pero, aunque resulte antipático decirlo, no fue justo.
De hecho, quien firma esta nota, que no está cerca del mundo del automovilismo, diez días antes se enteró que lo iban a premiar con ese galardón.
Premio que con justicia ganó Fangio y que injustamente no recibió Reuteman porque “sólo” fue subcampeón mundial en 1981 (y fue dos veces tercero en el campeonato). Al lado de las 6 unidades ganadas por Colapinto en 2024 con Williams, el despropósito se hace más grande. Y, quieran o no, Colapinto sale “salpicado”. Innecesariamente
Por Daniel Corujo
