Gente por acá. Gente por allá. Más público haciendo cola para entrar a la cancha. O para tomar un yogur gratis. O llevarte un tubito de protector solar en la calurosa Nueva York donde se juega el último Grand Slam del tenis en 2026.
Es el Disney del tenis pero sin montañas rusas, ni Mickey, Goofy o Pluto dando vueltas por ahí sacándose fotos.
La gente va y viene por todas las canchas. Y en las menos importantes están al lado de los protagonistas. Los courts 4, 5, 6, 14, 15 o 16 son ideales para que los tenistas firmen autógrafos -según el humor si ganaron o perdieron- en las pelotas de tenis gigante. El público está llamativamente “pegados” a ellos.
¿Marcas? De todo un poco: JP Morgan, la principal, American Express, Cadillac, Chase, Chung, Dove, Emirates, IGH Hoteles & Resorts, La Roche, Lavazza, Tiffany. Todas marcas top en su rubro.
También el marketing del torneo. Te venden todo lo que imaginás. Que tiene varios puntos de venta. Pero será tema de otra nota.El espectador aprovecha todo lo que le puedan regalar. Desde los yogurts frutales (mango y frambuesa) hasta el sobrecito de curitas de varios colores que se dan en un stand al lado de la coqueta cancha 17, una de las más alejadas del bullicio.

Especialmente durante la primera semana la gente va y viene. No para. Si bien es más ordenada en las tres canchas principales (Arthur Ashe, Louis Armstrong y el Grandstand), donde hay que tener un ticket especial, en las otras canchas el público camina entre los puntos, habla y come. Comen mucho.

Hamburguesas, hot dogs, pizza, pasta lo que sea. Comen.

Es parte del “espectáculo” del US Open. Similar al que es la ciudad en sí, Nueva York.  Donde todos van y vienen, al parecer siempre apurados y sin destino, pero con un lugar a donde llegar.
Pero en el USTA Billie Jean King National Tennis Center durante 15 días se instala el Disney del tenis. Y la gente lo disfruta, pagando lo que tenga que pagar.

Por Daniel Corujo